La situación italiana y las tareas del P.C.I.
1. La transformación de los partidos comunistas, en los que se
concentra la vanguardia de la clase obrera, en partidos bolcheviques, se
puede considerar, en el momento actual, como la tarea fundamental de la
Internacional Comunista. Esta tarea se ha de poner en relación con el
desarrollo histórico del movimiento obrero internacional, en particular
con la lucha que en su interior se desarrolla entre el marxismo y las
corrientes que constituían una desviación de los principios y de la
práctica de la lucha de clases revolucionaria.
2. El nacimiento del movimiento obrero en cada país se produjo de
manera distinta. Por lo general, en todas partes se dio la rebelión
espontánea del proletario contra el capitalismo. No obstante, tal
rebelión asume en cada nación una forma específica, que es reflejo y
consecuencia de las particulares características nacionales de los
elementos que, procediendo de la pequeña burguesía y el campesinado,
habían contribuido a formar la gran masa del proletariado industrial.
El marxismo constituyó el elemento consciente, científico, superior
al particularismo de las diversas tendencias de carácter y origen
nacional y condujo contra esas tendencias una lucha en el campo teórico y
en el de la organización. Todo el proceso formativo de la I
Internacional tuvo como contenido principal esta lucha, que terminó con
la expulsión del bakuninismo de la Internacional. Cuando la I
Internacional murió, el marxismo ya había triunfado en el movimiento
obrero. En efecto, la II Internacional se formó con partidos que se
remitían, todos, al marxismo, al que tomaban como fundamento de su
táctica en todas las cuestiones esenciales.
Tras la victoria del marxismo, las tendencias de carácter nacional de
las que había triunfado, trataron de manifestarse por otro camino,
reapareciendo en el propio seno del marxismo en forma de revisionismo.
Este proceso se vio favorecido por el desarrollo de la fase imperialista
del capitalismo. Estrechamente relacionado con este fenómeno, se dan
los siguientes hechos: disminución de la crítica del Estado en las filas
del movimiento obrero, sustituyéndola por utopías democráticas; la
formación de una aristocracia obrera; un nuevo desplazamiento de masas
de la pequeña burguesía y el campesinado hacia el proletariado y con
ello una nueva difusión entre el proletariado de corrientes ideológicas
de carácter nacional, que chocaban con el marxismo. El proceso de
degeneración de la II Internacional asume de este modo la forma de una
lucha contra el marxismo que se desarrolla en el interior del propio
marxismo. Aquélla culminó con la ruina provocada por la guerra.
El único partido que se salvó de la degeneración es el Partido
Bolchevique, que logró mantenerse a la cabeza del movimiento obrero del
propio país, expulsó de su seno las tendencias antimarxistas y elaboró, a
través de la experiencia de tres revoluciones, el leninismo, que es el
marxismo de la época del capitalismo monopolista, de la guerra
imperialista y de la revolución proletaria. Asimismo se determinó
históricamente la posición del Partido Bolchevique en la fundación y en
la jefatura de la III Internacional, y se plantean los términos del
problema de la formación de partidos bolcheviques en todos los países;
éste es el problema de vincular la vanguardia del proletariado a la
doctrina y la práctica revolucionaria del marxismo superando y
liquidando completamente toda corriente antimarxista.
3. En Italia, el origen y las vicisitudes del movimiento obrero
fueron tales que nunca se constituyó, antes de la guerra, una corriente
de izquierda marxista que tuviera un carácter de permanencia y de
continuidad. El carácter originario del movimiento obrero italiano fue
muy confuso; en él confluyeron tendencias diversas, desde el idealismo
mazziniano hasta el humanitarismo de los cooperativistas, de los
partidarios de la mutualidad y el bakuninismo, el que sostenía que se
daban en Italia, incluso antes del desarrollo del capitalismo, las
condiciones para pasar al socialismo. El tardío origen y la debilidad
del industrialismo determinó que faltara el elemento clarificador que
brinda la existencia de un fuerte proletariado, y tuvo como consecuencia
que también al escisión entre los anarquistas y los socialistas se
produjera con un retraso de una veintena de años (1892, Congreso de
Génova).
En el Partido Socialista Italiano, surgido del Congreso de Génova, se
daban dos corrientes dominantes. De una parte, se hallaba un grupo de
intelectuales que no representaban otra cosa que la tendencia a una
reforma democrática del Estado; su marxismo no se proponía otro objetivo
que suscitar y organizar la fuerza del proletariado para que sirviese a
la instauración de la democracia (Turati, Bissolati, etc.). Por otra
parte, un grupo más directamente conectado con el movimiento obrero, que
representaba una tendencia obrera, pero estaba falto de cualquiera
conciencia teórica (Lazzari). Hacia el novecientos, el Partido no se
proponía otros fines que los de carácter democrático. Conquistada por
entonces la libertad de organización e iniciada la fase democrática, se
hizo evidente la incapacidad de todos los grupos que lo componían para
darle la fisonomía de un partido marxista del proletariado.
Separándose así cada vez más los elementos intelectuales de la clase
obrera, ni siquiera tuvo resultado la tentativa, debido a otra capa de
intelectuales y pequeños burgueses, de constituir una izquierda marxista
que tomara forma en el sindicalismo. Como reacción a esta tentativa
triunfó en el seno del Partido la fracción integralista, que era la
expresión, en su vacuo verbalismo conciliacionista, de una
característica fundamental del movimiento obrero italiano, que se
explica también por la debilidad de la industrialización y la deficiente
conciencia crítica del proletariado. El revolucionarismo de los años
precedentes a la guerra mantiene intacta esta característica, no
consiguiendo nunca superar los límites del genérico populismo para
unirse a la construcción de un partido de la clase obrera y a la
aplicación del método de la lucha de clases.
En el seno de esta corriente revolucionaria se empezó ya al principio
de la guerra, a diferenciarse un grupo de "extrema izquierda" que
sostenía la tesis del marxismo revolucionario, pero de manera irregular y
sin conseguir ejercer una influencia real sobre el desarrollo del
movimiento obrero.
De este modo se explica el carácter negativo y equívoco que tuvo la
oposición del Partido Socialista a la guerra y se explica cómo el
Partido Socialista se encontró, después de la guerra, frente a una
situación revolucionaria inmediata, sin tener ni planteados ni resueltos
ninguno de los problemas fundamentales que la organización política del
proletariado debe resolver para realizar sus objetivos; en primer
lugar, el problema de la "alternativa de clase" y el de la forma
organizativa a ella adecuada; después, el problema del Programa del
Partido, cual es el de su ideología y, finalmente, los problemas de
estrategia y de táctica cuya resolución lleva a estrechar en torno al
proletariado las fuerzas que naturalmente son aliadas suyas en la lucha
contra el Estado y a guiarlo a la conquista del poder.
Solamente después de la guerra se inicia en Italia la acumulación
sistemática de una experiencia que pueda contribuir de modo positivo a
la resolución de estos problemas. Solamente con el Congreso de Liorna se
ponen las bases constitutivas del partido de clase del proletariado,
que, para convertirse en partido bolchevique y realizar plenamente su
función, debe liquidar la tendencia antimarxista tradicionalmente propia
del movimiento obrero.
Análisis de la estructura social italiana
4. El capitalismo es el elemento predominante en la sociedad italiana
y la fuerza que prevalece en la determinación de su desarrollo. De este
hecho fundamental deriva la consecuencia de que no existe en Italia
posibilidad de una revolución que no sea la revolución socialista. En
los países capitalistas, la única clase que puede realizar una
transformación social real y profunda es la clase obrera. Solamente la
clase obrera es capaz de traducir en actos las transformaciones carácter
económico y político que son necesarias para que las energías de
nuestro país tengan libertad y posibilidad para su desarrollo completo.
La manera como realice su función revolucionaria se halla en relación
con el grado de desarrollo del capitalismo en Italia y con la estructura
social que le corresponde.
5. La industrialización, que constituye el aspecto esencial del
capitalismo, en Italia es bastante débil. Sus posibilidades de
desarrollo se ven limitadas por la situación geográfica y la falta de
materias primas. Por ello, no logra absorber la mayoría de la población
italiana (cuatro millones de obreros industriales, frente a tres
millones y medio de obreros agrícolas y cuatro millones de campesinos).
Se opone a la industrialización una agricultura que se presenta
naturalmente como la base de la economía del país. Las variadísimas
condiciones del suelo y la consiguiente diferencia de cultivo y
sistemas de manejo provocan, sin embargo, una fuerte diferenciación de
las clases rurales, con un predominio de los estratos pobres, más
próximos a la condición del proletariado y más susceptibles de sufrir su
influencia y aceptar su dirección. Entre las clases industriales
agrarias se sitúa una pequeña burguesía urbana bastante amplia y que
tiene una importancia grande. Se compone predominantemente de artesanos,
profesionales y empleados del Estado.
6. La debilidad intrínseca del capitalismo impulsa a la clase
industrial a adoptar unos procedimientos para garantizarse el control
sobre toda la economía del país. Estos procedimientos se reducen en
sustancia a un sistema de compromisos económicos entre una parte de los
industriales y una parte de las clases agrícolas, precisamente los
grandes terratenientes. Por tanto, no se da la tradicional lucha
económica entre industriales y agrarios, ni tiene lugar la rotación de
grupos dirigentes que esa lucha determina en otros países. Por otra
parte, los industriales no tiene necesidad de sostener, contra los
agrarios, una política económica que asegure el continuo flujo de mano
de obra del campo a las fábricas, porque este flujo se ve garantizado
con la exuberancia de población agrícola pobre que es la característica
de Italia. El acuerdo industrial-agrario se basa sobre una solidaridad
de intereses entre algunos grupos privilegiados, con perjuicio de los
intereses generales de la producción y de la mayoría de los que
trabajan. Esto determina una acumulación de riqueza en las manos de los
grandes industriales, que es consecuencia de una sistemática explosión
de todas las categorías de la población y de todas las regiones del
país. Los resultados de este política económica son el déficit del
balance económico, el freno al desarrollo de regiones enteras (el Sur y
las Islas), obstáculos al surgimiento y al desarrollo de una economía
mejor adaptada a la estructura del país y a sus recursos, la creciente
miseria de la población trabajadora, la existencia de una continua
corriente de emigración y el consiguiente empobrecimiento demográfico.
7. Como no controla naturalmente toda la economía por sí misma la
sociedad entera y el Estado. La construcción de un Estado nacional
solamente se lo hace posible el aprovechamiento del factores de política
internacional (el llamado Risorgimento). Para su reforzamiento
y defensa es necesario el compromiso con las clases sobre las que la
industria ejerce una hegemonía limitada, particularmente los agrarios y
la pequeña burguesía. De donde una heterogeneidad y una debilidad de
toda la estructura social y del Estado, que es la expresión.
7 bis. Un reflejo de la debilidad de la estructura social se tuvo, de
manera típica, al principio de la guerra, en el Ejército. Un círculo
restringido de oficiales, desprovistos del prestigio de los jefes
(viejas clases dirigentes agrarias, nuevas clases industriales), tiene
por debajo una casta de oficiales subalternos burocratizada (pequeña
burguesía) que es incapaz de servir como pieza de unión con las masas de
los soldados, indisciplinada y abandonada a sí misma. En la guerra todo
el Ejército se vio obligado a reorganizarse desde abajo, tras la
eliminación de los grados superiores y una transformación de estructura
organizativa que corresponde al advenimiento de una nueva categoría de
oficiales subalternos. Este fenómeno precede a la análoga transformación
que el fascismo realizará al enfrentarse con el Estado en una escala
mayor.
8. Las relaciones entre industria y agricultura, que son esenciales
para la vida económica de un país y para la determinación de la
superestructura política, tiene en Italia una base territorial. En el
Norte se concentran en algunos grandes centros la producción y la
población agrícola. A consecuencia de esto, todos los contrastes
inherentes a la estructura social del país contienen un elemento que
afecta a la unidad del Estado y la pone en peligro. La solución del
problema se busca por los dirigentes burgueses y agrarios a través de un
compromiso. Ninguno de estos grupos posee naturalmente un carácter
unitario y una función unitaria. El compromiso con el que la unidad se
salva es, por otra parte, de tal naturaleza que hace más grave la
situación. Ella da a las poblaciones trabajadoras del Sur una posición
análoga a la que padecen las poblaciones coloniales. La gran industria
del Norte realiza hacia éstas la función de las metrópolis capitalistas;
los grandes terratenientes y la propia media burguesía meridionales se
colocan, en cambio, en la situación de las categorías que en las
colonias se alían a la metrópoli, para mantener sujeta a la masa del
pueblo que trabaja. La explotación económica y la opresión política se
unen, por consiguiente, para hacer de la población trabajadora del
Mediodía una fuerza continuamente movilizada contra el Estado.
9. El proletariado tiene en Italia una importancia superior a la que
tiene en otros países europeos, aunque con capitalismo más adelantado,
parangonable solamente con la situación que había en Rusia antes de la
revolución. Esto se halla ante todo en relación con el hecho de que, por
la escasez de materias primas, la industria se basa de preferencias
sobre la mano de obra (personal especializado), seguidamente con la
heterogeneidad y con los contrastes de intereses que debilitan a la
clase dirigente. Frente a esta heterogeneidad, el proletariado se
presenta como el único elemento que por su naturaleza tiene una función
unificadora y coordinadora de toda la sociedad. Su programa de clase es
el único programa "unitario", esto es, el único cuya situación no lleva a
profundizar los contrastes entre los diversos elementos de la economía y
de la sociedad, y no lleva a romper la unidad del Estado. Además, junto
al proletariado industrial existe una gran masa de proletarios
agrícolas, concentrada sobre todo en el valle del Po, sobre la que
ejercen influencia los obreros de la industria y, por ende, movilizables
en la lucha contra el capitalismo y el Estado.
En Italia se tiene una confirmación de la tesis de que las más
favorables condiciones para la revolución proletaria no se tiene
necesariamente siempre en los países donde el capitalismo y la
industrialización se hallan unidos en el más alto grado de su
desarrollo, sino que se pueden tener, en cambio, allí donde el tejido
del sistema capitalista ofrece menor resistencia, por su debilidad de
estructura, a un ataque de la clase revolucionaria y de sus aliados.
La política de la burguesía italiana
10. El fin que la clase dirigente se propone alcanzar con el
nacimiento del Estado unitario y después, era el de tener sujetas las
grandes masas de la población trabajadora e impedir que se conviertan,
organizándose en torno al proletariado industrial y agrícola, en una
fuerza revolucionaria capaz de realizar una completa transformación
social y política y dar vida a un Estado proletario. La debilidad
intrínseca del capitalismo le fuerza, no obstante, a poner como base del
orden económico y del Estado burgués una unidad conseguida por vía de
compromiso entre grupos no homogéneos. En una vasta perspectiva
histórica, este sistema se revela como no adecuado al objetivo que
pretende. Toda forma de compromiso entre los diversos grupos dirigentes
de la sociedad italiana se resuelve de hecho en un obstáculo puesto al
desarrollo de una u otra parte de la economía del país. También vienen
determinados nuevos contrastes y nuevas reacciones de la mayoría de la
población, se vuelve necesario acentuar la presión sobre la masa y se
produce un impulso cada vez mayor para la movilización de aquélla a
favor de la revuelta contra el Estado.
11. El primer periodo de vida del Estado italiano (1870-1890) es el
de su mayor debilidad. Las dos partes de que se compone la clase
dirigente, los intelectuales de un lado y los capitalistas, de otro,
están unidas en el propósito de mantener la unidad, pero las divide la
forma que se ha de dar al Estado unitario. Falta entre ellos una
homogeneidad positiva. Los problemas que el Estado se propone son
limitados y conciernen más bien a la forma que a la sustancia del
dominio político de la burguesía; aventaja a todos el problema del
balance, que es un problema de pura conservación. La conciencia de la
necesidad de ampliar la base de las clases que dirigen el Estado
solamente se tiene con el principio del "transformismo".
La mayor debilidad del Estado se debe en este periodo al hecho de
que, fuera de eso, el Vaticano reúne en torno a sí un bloque
reaccionario y antiestatal, constituido por los agrarios y por la gran
masa de los campesinos atrasados, controlados y dirigidos por los ricos
propietarios y los curas. El programa del Vaticano consta de dos partes:
quiere luchar contra el Estado burgués unitario y "liberal" y, al mismo
tiempo, se propone constituir, con los campesinos, un ejército de
reserva contra la vanguardia del proletariado socialista, que será
provocada por el desarrollo de la industria. El Estado reacciona al
sabotaje que el Vaticano ejerce con toda una legislación de contenido e
intenciones anticlericales.
12. En el periodo que va de 1890 hasta 1900, la burguesía se plantea
resueltamente el problema de organizar la propia dictadura y lo resuelve
con una serie de providencias de carácter político y económico que
inciden determinantemente en la sucesiva historia italiana.
Ante todo, se resuelve el diferendo entre la burguesía intelectual y
los industriales, cuya señal es la llegada de Crispi al poder. La
burguesía así reforzada resuelve la cuestión de sus relaciones con el
extranjero (Triple Alianza), consiguiendo una seguridad que le permite
colocarse en la concurrencia internacional para la conquista de los
mercados coloniales. En el interior, la dictadura burguesa se instaura
políticamente con una restricción del derecho de voto que reduce el
cuerpo electoral a poco más de un millón de electores sobre treinta
millones de habitantes. En el campo económico, la introducción del
proteccionismo industrial-agrario corresponde al propósito del
capitalismo de adjudicarse el control de toda la riqueza nacional. Se
logra con este medio soldar una alianza entre los industriales y los
agrarios. Esta alianza arrebata al Vaticano una parte de la fuerza que
éste había reunido alrededor de sí, sobre todo entre los propietarios
del tierra del Mediodía y le hace entrar en el cuadro de Estado burgués.
Por lo demás, el Vaticano advierte la necesidad de dar mayor relieve a
la parte de su programa reaccionario que se refiere a la resistencia al
movimiento obrero y toma posición contra el socialismo con la encíclica Rerum Novarum.
Con todo, ante el peligro que el Vaticano sigue representando para el
Estado, la clase dirigente reacciona dándose una organización unitaria
con un programa anticlerical, en la masonería.
Los primeros progresos reales del movimiento obrero se han logrado de
hecho en este periodo. La instauración de la dictadura
industrial-agraria coloca en términos reales el problema de la
revolución determinando los factores históricos de la misma. Surge en el
Norte un proletariado industrial y agrícola, mientras en el Sur la
población agrícola, sometida a un sistema de explotación "colonial",
deba mantenerse sujeta a una opresión política cada vez más fuerte. Los
términos de la "cuestión meridional" se plantean de manera clara en este
periodo. Y espontáneamente, sin la intervención de un factor consciente
y sin que el Partido Socialista deduzca de este hecho una indicación
para su estrategia de partido de la clase obrera, se verifica en este
periodo por primera vez la coincidencia de las tentativas
insurreccionales del proletariado septentrional con una revuelta de
campesinos meridionales (fascios sicilianos).
13. Derrotadas las primeras tentativas del proletariado y de los
campesinos de rebelarse contra el Estado, la burguesía italiana
consolidada puede adoptar, para dificultar los progresos del movimiento
obrero, los métodos exteriores de la democracia y los de la corrupción
política hacia la parte más avanzada de la población trabajadora
(aristocracia obrera) para hacerla cómplice de la dictadura reaccionaria
que aquélla ejerce e impedir que ésta se convierta en el centro de la
insurrección popular contra el Estado (giolitismo). Sin embargo, entre
1900 y 1910, se tiene una fase de concentración industrial y agraria. El
proletariado agrícola crece el 50 por ciento con perjuicio de las
categorías de colonos, aparceros y arrendatarios. Lo que da origen a una
oleada de movimientos agrarios y a una nueva orientación de los
campesinos que fuerza al propio Vaticano a reaccionar con la fundación
de "Acción Católica" y con un movimiento "social" que llega, en sus
formas extremas, hasta asumir la apariencia de una reforma religiosa
(modernismo). A esta reacción del Vaticano para no dejarse arrebatar las
masas corresponde el acuerdo de los católicos con la clase dirigente
para dar al Estado una base más segura (abolición del non expedit,
pacto Gentiloni). También hacia el fin de este tercer periodo (1914),
los diversos movimientos parciales del proletariado y de los campesinos
culminan en un nuevo e inconsciente intento de agrupamiento de las
diversas fuerzas antiestatales en una insureción contra el Estado
reaccionario. En esta tentativa viene ya planteado con suficiente
relieve el problema que aparecerá en toda su amplitud en la posguerra,
esto es, el problema de la necesidad de que el proletariado organice, en
su seno, un partido de clase que le dé la capacidad de ponerse al
frente de la insurrección y guiarla.
14. En la posguerra tiene lugar la máxima concentración económica en
el campo industrial. El proletariado alcanza el más alto grado de
organización correspondiendo con ello la mayor disgregación de la clase
dirigente y del Estado. Todas las contradicciones contenidas en el
organismo social italiano afloran con la máxima crudeza por el despertar
de las masas más atrasadas a la vida política, provocado por la guerra y
sus consecuencias inmediatas. Y, como siempre, la vanguardia de los
obreros industriales y agrícolas se ve acompañada por una agitación
profunda de las masas campesinas, tanto del Mediodía como de las otras
regiones. Las grandes huelgas y la ocupación de las fábricas ocurren
simultáneamente con la ocupación de las tierras. La resistencia de las
fuerzas reaccionarias se ejerce aún según la dirección tradicional. El
Vaticano consiente que junto a "Acción Católica" se forme un verdadero
partido, que se propone inscribir las masas campesinas en el cuadro del
Estado burgués, aparentemente satisfaciendo su aspiración de redención
económica y de democracia política. Las clases dirigentes, a su vez,
actúan con gran despliegue en el plano de la corrupción y disgregación
interna del movimiento obrero, mostrando a los jefes oportunistas la
posibilidad de que una aristocracia obrera colabora con el gobierno en
una tentativa de solución "reformista" de los problemas del Estado
(gobierno de izquierda). Pero en un país pobre y desunido como Italia,
el asomo de una solución "reformista" del problema del Estado provoca
inevitablemente la disgregación de la trabazón estatal y social, que no
resiste al choque de los diversos grupos en los que las mismas clases
dirigentes y las clases intermedias se pulverizan. Todo grupo exige
protección económica y autonomía política y, en ausencia de un núcleo
homogéneo de clase que sepa imponer, con su dictadura, una disciplina de
trabajo y de la producción a todo el país, arrollando y eliminando a
los explotadores capitalistas y agrarios, el gobierno se hace imposible y
la crisis de poder está continuamente abierta.
La derrota del proletariado revolucionario se debe, en este periodo
decisivo, a la deficiencia política, organizativa y estratégica del
partido de los trabajadores. A causa de este deficiencia, el
proletariado no consigue ponerse al frente de la insurrección de la gran
mayoría de la población y hacerla desembocar en la creación de un
Estado obrero; él mismo sufre, en cambio, la influencia de las otras
clases sociales que paralizan su acción. La victoria del fascismo en
1922 se ha de considerar, pues, no como una victoria conseguida sobre la
revolución, sino como la consecuencia de la derrota producida a las
fuerzas revolucionarias por su defecto intrínseco.
El fascismo y su política
15. El fascismo, como movimiento de la reacción armada que se propone
el objetivo de disgregar y desorganizar a la clase trabajadora para
inmovilizarla, entra en el cuadro de la política tradicional de las
clases dirigentes italianas, y en la lucha del capitalismo contra la
clase obrera. Por este motivo, aquél se ve favorecido en sus orígenes,
en su organización y en sus caminos, indistintamente por todos los
viejos grupos dirigentes, de preferencia sin embargo, por los agrarios,
quienes se sienten más amenazados por la presión de la plebe rural. Sin
embargo, socialmente el fascismo encuentra su base social en la pequeña
burguesía urbana y en una nueva burguesía agraria surgida de una
transformación de la propiedad rural en algunas regiones (fenómenos de
capitalismo agrario en la Emilia, origen de una categoría de
intermediarios del campo, "bolsas de la tierra", nuevos repartos de
terrenos). Esto y el hecho de haber encontrado una unidad ideológica y
organizativa en las formaciones militares en las que revive la tradición
de la guerra (heroísmo) u que sirven en la guerrilla contra los
trabajadores, permiten al fascismo concebir y ejecutar un plan de
conquista del Estado en oposición a los viejos estamentos dirigentes.
Absurdo hablar de revolución. Las nuevas categorías que se reagrupan en
torno al fascismo, en cambio, traen de su origen una homogeneidad y una
mentalidad común de "capitalismo naciente". Esto explica cómo es posible
la lucha contra los hombres políticos del pasado y cómo aquéllas pueden
justificarse con una construcción ideológica en contraste con la teoría
tradicional de Estado y sus relaciones con los ciudadanos. En
sustancia, el fascismo modifica el programa de conservación y reacción
que siempre ha dominado la política italiana solamente con un modo
distinto de concebir el proceso de unificación de la fuerza
reaccionaria. A la táctica de los acuerdos y los compromisos, sustituye
el propósito de realizar una unidad orgánica de todas las fuerzas de la
burguesía en un solo organismo político bajo el control de una única
central que debería dirigir conjuntamente el partido, el gobierno y el
Estado. Este propósito corresponde con la voluntad de resistir a fondo a
todo ataque revolucionario, lo que permite al fascismo recoger las
adhesiones de la parte más decisivamente reaccionaria de la burguesía
industrial y de los agrarios.
16. El método fascista de defensa del orden, de la propiedad y del
Estado es, aún más que el sistema tradicional de los compromisos y de la
política de izquierda, disgregador de la trabazón social y de su
superestructura política. Las reacciones que provoca deben examinarse en
relación con su aplicación tanto en el campo económico como en el
político.
En el campo político, ante todo, la unidad orgánica de la burguesía
en el fascismo no se realiza inmediatamente después de la conquista del
poder. Fuera del fascismo quedan los centros de una oposición burguesa
al régimen. Por una parte, no queda absorbido el grupo que tiene fe en
la solución giolittiana del Estado. Este grupo se vincula a una sección
de la burguesía industrial y, con un programa de reformismo "laborista",
ejerce influencia sobre estratos obreros y de pequeña burguesía. Por
otra parte, el programa de fundar el Estado sobre una democracia rural
del Sur y sobre la parte "sana" de la industria septentrional
(em>Corriere della sera, liberalismo, Natti) tiende a convertirse en
programa de una organización política de oposición al fascismo con base
de masas en el Mediodía (Unión Nacional).
El fascismo se ve obligado a luchar contra estos grupos
sobrevivientes y a lucha con vivacidad aún mayor contra la masonería, a
la que considera justamente como centro de organización de todas las
tradicionales fuerzas del sostén del Estado. Esta lucha, que es, se
quiera o no, el indicio de una fisura en el bloque de las fuerzas
conservadoras y antiproletarias, puede en determinadas circunstancias
favorecer el desarrollo y la afirmación del proletariado como tercer y
decisivo factor de una situación política.
En el campo económico, el fascismo actúa como instrumento de una
oligarquía industrial y agraria para concentrar en las manos del
capitalismo el control de todas las riquezas del país. Esto no puede
hacerse sin provocar el descontento en la pequeña burguesía, que, con el
advenimiento del fascismo, creía llegado el tiempo de su dominio.
El fascismo acaba de adoptar toda una serie de medidas para favorecer
una nueva concentración industrial (abolición del impuesto de sucesión,
política financiera y fiscal, reforzamiento del proteccionismo), y a
éstas corresponden otras medidas a favor de los agrarios y contra los
pequeños y medios cultivadores (impuestos, arbitrios sobre el trigo,
"batalla del trigo"). La acumulación que estas medidas determinan no
constituye un crecimiento de riqueza nacional, sino que es expoliación
de una clase en favor de otra, esto es, de las clases trabajadoras y
medias a favor de la plutocracia. El designio de favorecer a la
plutocracia aparece descaradamente en el proyecto de legalizar en el
nuevo código de comercio el régimen de las acciones privilegiadas; un
pequeño grupo de financieros se ve colocado, de este modo, en
condiciones de poder disponer sin control de enormes masas de ahorro
procedentes de la media y pequeña burguesía, y estas categorías se ven
privadas del derecho a disponer de su riqueza. En el mismo plano, pero
con consecuencias políticas más vastas, entra el proyecto de
reunificación de la banca de emisión, que equivale, en la práctica, a la
supresión de los dos grandes bancos meridionales. Estos dos bancos
cumplen hoy la función de absorber los ahorros del Mediodía y las
remesas de los emigrantes (600 millones), esto es, la función que en el
pasado cumplía el Estado con la emisión de bonos del tesoro y la Banca
de descuento, en interés de una parte de la industria pesada del Norte.
Los bancos meridionales han sido controlados hasta ahora por las mismas
clases dirigentes del Mediodía, que han hallado en este control una base
real de su dominio político. La supresión de los bancos meridionales
como banca de emisión hará pasar esta función a la gran industria del
Norte que controla, a través de la banca comercial la Banca de Italia y
verá de este modo acentuada la explotación económica "colonial" y el
empobrecimiento del Mediodía, así como se verá acelerado el lento
proceso de distanciamiento de la pequeña burguesía meridional respecto
al Estado.
La política económica del fascismo se completa con las mediadas
encaminadas a elevar la cotización de la moneda, a sanear el presupuesto
del Estado, a pagar las deudas de guerra y a favorecer la intervención
del capital anglo-americano en Italia. En todos estos campos, el
fascismo ejecuta el programa de la plutocracia (Nitti) y de la minoría
industrial-agraria con perjuicio de la gran mayoría de la población
cuyas condiciones de vida empeoran progresivamente.
Coronación de toda la propaganda ideológica, de la acción económica y
política del fascismo es la tendencia de éste al "imperialismo". Esta
tendencia es la expresión de la necesidad sentida por las clases
dirigentes industrial-agraria italianas por encontrar fuera del campo
nacional los elementos para la resolución de la crisis de la sociedad
italiana. En ella se contienen los gérmenes de una guerra que se verá
contrarrestada, en apariencia, por la expansión italiana, pero en la
cual en realidad la Italia fascista será un instrumento en las manos de
uno de los grupos imperialistas que se disputan el dominio del mundo.
17. Como consecuencia de la política del fascismo, se determinan
profundas reacciones de las masas. El fenómeno más grave es la
separación cada vez más decisiva de las poblaciones agrarias del
Mediodía y de las Islas del sistema de fuerzas que rigen el Estado. La
vieja clase dirigente local (Orlando, Di Cesaró, De Incola, etc.) no
ejerce ya de manera sistemática su función de buen eslabón de enlace con
el Estado. La pequeña burguesía tiende, pues, a aproximarse a los
campesinos. El sistema de explotación y de opresión de las masas
meridionales se ve llevado por el fascismo al extremo; esto facilita la
radicalización también de las categorías intermedias y plantea la
cuestión meridional en sus verdaderos términos, como cuestión que será
resuelta solamente con la insurrección de los campesinos aliados con el
proletariado en la lucha contra los capitalistas y contra los agrarios.
También los campesinos medios y pobres de las otras regiones de
Italia cumplen una función revolucionaria, aunque de manera más lenta.
El Vaticano -cuya función reaccionaria ha sido asumida por el fascismo-
ya no controla la población rural de manera completa a través de los
curas, la "Acción Católica" y el Partido Popular. Esta es una parte de
los campesinos que ha sido despertada a la lucha por la defensa de sus
intereses en las mismas organizaciones autorizadas y dirigidas por la
autoridad eclesiástica, y ahora, bajo la presión económica y política
del fascismo, acentúa su propia orientación de clase y empieza a sentir
que su suerte no puede separarse de la que corre la clase obrera.
Indicio de esta tendencia es le fenómeno Miglioli. Un síntoma bastante
interesante de eso es también el hecho de que las organizaciones
blancas, que siendo una parte de "Acción Católica", se enfrentan
directamente con el Vaticano, y han entrado en los comités
intersindicales con la Liga Roja, expresión de aquel periodo proletario
que los católicos indicaban hacia fines de 1870 como inminente en la
sociedad italiana.
En cuanto al proletariado, la actividad disgregadora de su fuerza
encuentra un límite en la resistencia activa de la vanguardia
revolucionaria y en una resistencia pasiva de la gran masa, que se
mantiene fundamentalmente clasista y da señales de ponerse en movimiento
apenas disminuye la presión física del fascismo y se hacen más fuertes
los estímulos de los intereses de clase. La tentativa de los sindicatos
fascistas de dividirla se puede considerar fracasada. Los sindicatos
fascistas, cambiando su programa, se convierten ahora en instrumento
directo de la opresión reaccionaria al servicio del Estado.
18. A los peligrosos distanciamientos y a los nuevos reclutamientos
de las fuerzas que son provocados por su política, el fascismo reacciona
haciendo gravar sobre toda la sociedad el peso de una fuerza militar y
un sistema de opresión que tiene a la población sujeta al hecho mecánico
de la producción, sin posibilidad de tener una vida propia, de
manifestar una voluntad y de organizarse para la defensa de sus propio
intereses.
La llamada legislación fascista no tiene otro objetivo que el de
consolidar y convertir en permanente este sistema. La nueva ley
electoral política, las modificaciones del régimen administrativo con la
introducción del alcalde para las comunas rurales, etc., quisieran
marcar el fin de la participación de las masas en la vida política y
administrativa del país. El control sobre las asociaciones impide toda
forma permanente "legal" de organización de las masas. La nueva política
sindical priva a la Confederación del Trabajo y a los sindicatos de
clase de la posibilidad de celebrar acuerdos para excluirla del contacto
con las masas que se habían organizado en torno a ella. La prensa
proletaria se ha visto suprimida; el partido de clase del proletariado,
reducido a la vida plenamente ilegal. La violencia física y la
persecución de la policía se emplean sistemáticamente, sobre todo en el
campo, para infundir terror y mantener una situación de estado de sitio.
El resultado de esta compleja actividad de reacciones y opresiones es
el equilibrio entre la relación real de fuerzas sociales y la relación
de la fuerza organizada, por lo que un aparente retorno a la normalidad y
a la estabilidad corresponde una agudización de los contrastes prontos a
prorrumpir en todo instante a nueva vida.
18. bis. La crisis que ha seguido al crimen Matteotti ha brindado un
ejemplo de la posibilidad de que la aparente estabilidad del régimen
fascista se vea turbada en la base por el surgir imprevisto de
divergencias económicas y políticas profundas, sin que sean advertidas.
El mismo tiempo, esto ha suministrado la prueba de la incapacidad de la
pequeña burguesía para guiar hacia el triunfo, en el actual periodo
histórico, la lucha contra la reacción industrial-agrícola.
Fuerzas motrices y perspectiva de la revolución
19. Las fuerzas motrices de la revolución italiana, como resulta ya
de nuestro análisis, son las siguientes, en orden de importancia:
1) la clase obrera y el proletariado agrícola;
2) los campesinos del Mediodía y de las Islas y los de otras regiones de Italia.
El desarrollo y la rapidez del proceso revolucionario no son
previsibles, fuera de una valoración de los elementos subjetivos: esto
es, de la medida en que la clase obrera logrará adquirir una figura
política propia, una conciencia de clase resuelta y una independencia de
todas las demás clases, de la medida en que ésta conseguirá organizar
su fuerza, es decir, ejercer de hecho una acción de guía de los demás
factores y en primer lugar concretar políticamente su alianza con los
campesinos.
Puede afirmarse en líneas generales y basándose por lo demás en al
experiencia italiana que del periodo de la preparación revolucionaria se
entrará en un periodo revolucionario "inmediato" cuando el proletariado
industrial y agrícola del Norte haya logrado recobrar, por el
desarrollo de la situación objetiva y a través de una serie de luchas
particulares e inmediatas, un alto grado de organización y de
combatividad.
En cuanto a los campesinos, los del Sur y las Islas deberán ser
puestos en primera línea entre las fuerzas sobre las que debe contar la
insurrección contra la dictadura industrial-agrícola, por más que no se
les deba atribuir una importancia resolutiva, si no es en alianza con el
proletariado. La alianza entre aquéllos y los obreros es el resultado
de un proceso histórico natural y profundo, favorecido por todas la
vicisitudes del Estado italiano. Para los campesinos de las otras partes
de Italia, el proceso de orientación hacia la alianza con el
proletariado es más lento y deberá ser favorecido por una atenta acción
política del partido del proletariado. Los éxitos que ya se han obtenido
en este campo en Italia indican por lo demás que el problema de romper
la alianza de los campesinos con las fuerzas reaccionarias debe ser
planteado, en gran parte también en otros países de Europa occidental,
como problema de destruir la influencia de la organización católica
sobre las masas rurales.
20. Los obstáculos al desarrollo de la revolución, fuera de los que
se deban a la presión fascista, se hallan en relación con la variedad de
los grupos en que se divide la burguesía. Cada uno de estos grupos se
esfuerza por ejercer influencia sobre una determinada sección de la
población trabajadora para impedir que se extienda la influencia del
proletariado o sobre el proletariado mismo para hacerle perder su
figura y autonomía de clase revolucionaria. Se constituye de este modo
una cadena de fuerzas reaccionarias, que partiendo del fascismo
comprende los grupos antifascistas que no tienen gran base de masas
(liberales), los que tienen una base en los campesinos y en la pequeña
burguesía (demócratas, combatientes, populares, republicanos) y en parte
también en los obreros (partido reformista) y aquellos que, teniendo
una base proletaria, tienden a mantener las masas obreras en una
condición de pasividad y hacerles seguir la política de otras clases
(partido maximalista). También el grupo que dirige la Confederación del
Trabajo se ha de considerar de la misma manera, esto es, como el
vehículo de la influencia disgregadora de otras clases sobre los
trabajadores. Cada uno de los grupos que hemos indicado tiene vinculada
una parte de la población trabajadora italiana. La modificación de esta
situación solamente se concibe como consecuencia de una sistemática e
ininterrumpida acción política de la vanguardia proletaria organizada en
el Partido Comunista.
Se debe atribuir especial atención a los grupos y partidos que tienen
una base de masas o buscan formársela como partidos democráticos o como
partidos regionales, en la población agrícola del Mediodía y de las
Islas (Unión Nacional, partido de acción sardo, molisano, irpino, etc.).
Estos partidos no ejercen una influencia directa sobre el proletariado,
pero son un obstáculo para la realización de la alianza entre los
obreros y los campesinos. Orientando a las clases agrícolas del Mediodía
hacia una democracia rural y hacia soluciones democráticas regionales,
aquéllos rompen la unidad del proceso de liberación de la población
trabajadora italiana, impidiendo a los campesinos que triunfen en su
lucha contra la explotación económica y política de la burguesía y de
los agrarios, y preparando la transformación de éstos en guardia blanca
de la reacción. El triunfo político de la clase obrera se halla también
en este dominio en relación con la acción política del partido del
proletariado.
21. La posibilidad de que pueda derribarse el régimen fascista por
una acción de los grupos antifascistas que se dicen democráticos
solamente existiría si estos grupos consiguiesen, neutralizando la
acción del proletariado, controlar un movimiento de masas hasta poderle
frenar su desarrollo. La función de la oposición burguesa democrática es
la de colaborar con el fascismo, dificultar la reorganización de la
clase obrera y la realización de su programa de clase. En este sentido
un compromiso entre fascismo y oposición burguesa es probable e
inspirará la política de toda formación de "centro" que surja de los
escombros del Aventino. La oposición podrá volver a ser protagonista de
la acción de defensa del régimen capitalista sólo cuando la propia
opresión fascista no logre ya impedir el desencadenamiento de los
conflictos de clase y el periodo de una insurrección de proletarios, y
su soldadura con una guerra campesina aparezca grave e inminente. La
posibilidad del recurso de la burguesía y del mismo fascismo al sistema
de la reacción encubierta con la apariencia de un "gobierno de
izquierda" debe, por consiguiente, estar continuamente presente en
nuestra perspectiva (división de funciones entre el fascismo y la
democracia, Tesis del V Congreso mundial).
22. De este análisis de los factores de la revolución y de sus
perspectivas se deducen las tareas del Partido Comunista. A ellas deben
referirse los criterios de su actividad organizativa y los de su acción
política. De ellas se derivan las líneas directivas y fundamentales de
su programa.
Tareas fundamentales del Partido Comunista
23. Tras haber resistido victoriosamente la oleada reaccionaria que
quería sumergirlo (1923), tras haber contribuido con la acción propia a
marcar un primer punto de detención en el proceso de dispersión de las
fuerzas trabajadoras (1924), tras haber aprovechado la crisis Matteotti
para reorganizar una vanguardia proletaria que se ha opuesto con notable
éxito a la tentativa de instaurar un predominio pequeño-burgués en la
vida política (Aventino) y haber puesto las bases de una real política
campesina del proletariado italiano, el Partido se encuentra hoy en la
fase de la preparación política de la revolución.
Su tarea fundamental puede dibujarse con estos tres puntos:
1) organizar y unificar el proletariado industrial y agrícola para la revolución;
2) organizar y movilizar en torno al proletariado todas las fuerzas
necesarias para la victoria revolucionaria y para la fundación del
Estado obrero;
3) plantear al proletariado y a sus aliados el problema de la
insurrección contra el Estado burgués y de la lucha por la dictadura
proletaria y guiarlo política y materialmente a la solución del mismo a
través de una serie de luchas parciales.
La construcción del Partido Comunista como partido "bolchevique"
24. La organización de la vanguardia proletaria en Partido Comunista
es una parte esencial de nuestra actividad organizativa. Los obreros
italianos han aprendido por su experiencia (1919-20) que donde falta la
guía de un Partido Comunista organizado como partido de la clase obrera y
como partido de la revolución, no es posible una salida victoriosa de
la lucha por el derrumbamiento del régimen capitalista. La construcción
de un Partido Comunista que sea de hecho el partido de la clase obrera y
el partido de la revolución -que sea, pues, un partido "bolchevique"-
se encuentra en conexión con los siguientes puntos fundamentales:
1) la ideología del partido;
2) la forma de la organización y su cohesión;
3) la capacidad de funcionar en contacto con las masas;
4) la capacidad estratégica y táctica.
Cada uno de estos puntos se halla estrechamente relacionado con los
otros y no podría, en rigor, separarse. Efectivamente, cada uno de éstos
indica y comprende una serie de problemas cuya solución se interfiere y
superpone. El examen separado de estos será útil solamente cuando se
tenga presente que ninguno puede resolverse sin que todos sean
planteados y conducidos conjuntamente hacia una solución.
La ideología del Partido
25. El Partido Comunista necesita una unidad ideológica completa para
poder ejecutar en todo momento su función de guía de la clase obrera.
La unidad ideológica es elemento de la fuerza del Partido y de su
capacidad política, e indispensable para convertirlo en un partido
bolchevique. Base de la unidad ideológica es la doctrina del marxismo y
del leninismo, entendido este último como la doctrina marxista adecuada a
los problemas del periodo del imperialismo y el inicio de la revolución
proletaria (Tesis sobre la bolchevización, del Ejecutivo ampliado de abril de 1925, núm. IV y VI).
El Partido Comunista de Italia ha formado su ideología en la lucha
contra la socialdemocracia (reformismo) y contra el centrismo político
representado por el Partido maximalista. Sin embargo, aquélla no
encuentra en la historia del movimiento obrero italiano una vigorosa y
continua corriente de pensamiento a la que remitirse. Falta además en
sus filas un profundo y amplio conocimiento de las teorías del marxismo y
del leninismo. Por consiguiente, son posibles las desviaciones.
La elevación del nivel ideológico del Partido debe conseguirse con
una sistemática actividad interna que se proponga impulsar que todos los
miembros tengan un completo conocimiento de los fines inmediatos del
movimiento revolucionario, una cierta capacidad de análisis marxista de
las situaciones y una correlativa capacidad de orientación política
(escuela del Partido). Hay que rechazar la concepción según la cual los
factores de conciencia y de madurez revolucionaria, que constituyen la
ideología, se pueden realizar en el Partido sin que sea realizado en un
gran número de miembros individuales que lo componen.
26. No obstante su origen en la lucha contra degeneraciones de
derecha y centristas del movimiento obrero, el peligro de desviaciones
de derecha se hallan presentes en el Partido Comunista de Italia.
En el campo teórico, eso ha representado las tentativas de revisión
del marxismo hecha por el camarada Graziadei con el ropaje de una
precisión "científica" de algunos de los conceptos fundamentales de la
doctrina de Marx. Las tentativas de Graziadei no pueden ciertamente
llevar a la creación de una corriente y, por tanto, de una fracción que
ponga en peligro la unidad ideológica y la coherencia de del Partido.
Sin embargo, se halla implícito en ellas un apoyo a corrientes y
desviaciones políticas de derecha. De todos modos, esto indica la
necesidad de que el Partido realice un profundo estudio del marxismo y
adquiera una conciencia teórica más alta y más segura.
El peligro de que se cree una tendencia de derecha se halla vinculada
a la situación general del país. La misma opresión que el fascismo
ejerce tiende a alimentar la opinión de que, estando el proletariado en
la imposibilidad de derrocar rápidamente el régimen sea mejor táctica la
que lo lleve, si no a un bloque burguesía-proletariado para la
eliminación constitucional del fascismo, a una pasividad de la
vanguardia revolucionaria, a una no intervención activa del Partido
Comunista en la lucha política inmediata que permitiría a la burguesía
servirse del proletariado como masa de maniobra electoral contra el
fascismo. Este programa se presenta con la fórmula de que el Partido
Comunista debe ser "el ala izquierda" de una oposición de todas la
fuerzas que conspiran para el derrocamiento del régimen fascista. Ello
es la expresión de un profundo pesimismo acerca de la capacidad
revolucionaria de la clase trabajadora.
El mismo pesimismo y la misma desviación conducen a interpretar de
manera errónea la naturaleza y la función histórica de los partidos
social-demócratas en el momento actual, a olvidar que la
socialdemocracia, si bien tiene aún su base social, en gran parte, en el
proletariado, por lo que respecta a su ideología y la función política
que cumple debe considerarse no como una ala derecha del movimiento
obrero, sino como una ala izquierda de la burguesía y como tal debe ser
desenmascarada ante las masas.
El peligro de derecha debe combatirse con la propaganda ideológica,
contraponiendo al programa de derecha el programa revolucionario de la
clase obrera y de su Partido, y con medios disciplinarios ordinarios
cada vez que la necesidad lo requiera.
27. Relacionado con el origen del Partido y con la situación general
del país está igualmente el peligro de desviación de izquierda de la
ideología marxista y leninista. Esta se halla representada en la
tendencia extremista que tiene por jefe al camarada Bordiga. Esta
tendencia se formó en la particular situación de disgregación e
incapacidad programática, organizativa, estratégica y táctica en que se
encontró el Partido Socialista Italiano desde el final de la guerra
hasta el Congreso de Liorna: su origen y su fortuna están en relación
con el hecho de que, siendo la clase obrera una minoría en la población
trabajadora italiana, es continuo el peligro de que su partido se vea
afectado de infiltraciones de otras clases, particularmente de la
pequeña burguesía. A esta condición de la clase obrera y a la situación
del Partido Socialista Italiano, la tendencia de extrema izquierda
reacciona con una particular ideología, esto es, con una concepción de
la naturaleza del Partido, de su función y de su táctica que está en
contradicción con la del marxismo y el leninismo:
a) desde la extrema izquierda se viene definiendo el Partido,
olvidando o sobrevalorando su contenido social, como un "órgano" de la
clase obrera, que se constituye por síntesis de elementos heterogéneos.
En cambio, el Partido debe definirse poniendo de relieve ante todo el
hecho de que éste es una "parte" de la clase obrera. El error en la
definición del Partido lleva a plantear de manera errónea los problemas
organizativos y los problemas de táctica;
b) para la extrema izquierda, la función del Partido no es la de
guiar en todo momento a la clase esforzándose por mantenerse en contacto
con ella a través de cualquier cambio de la situación objetiva, sino la
de elaborar cuadros preparados para guiar a la masa cuando el
desarrollo de la situación la lleve al Partido, haciéndola aceptar las
posiciones programáticas y de principio por aquél fijadas;
c) por lo que respecta a la táctica, la extrema izquierda sostiene
que no debe determinarse en relación con la situación objetiva y con la
posición de las masas de manera que aquélla se remita siempre a la
realidad y proporcione un constante contacto con los estratos más
amplios de la población trabajadora, sino que debe determinarse con base
a preocupaciones formales. Es propio del extremismo la concepción de
que las desviaciones de principios de la política comunista no se evitan
con la construcción de los partidos "bolcheviques" que sean capaces de
cumplir, sin desvío, cualquier acción política que se requiera para la
movilización de las masas y para la victoria revolucionaria, sino que
solamente se pueden evitar poniendo a la táctica límites rígidos y
formales de carácter exterior (en el campo organizativo: "adhesión
individual", esto es, rechazo de las "fusiones", que pueden, sin
embargo, ser siempre, en condiciones determinadas, eficacísimo medio de
extensión de la influencia del Partido; en el campo político:
falsificación de los términos del problema de la conquista de la
mayoría, frente único sindical y no político, ninguna diversidad en la
manera de luchar contra la democracia según el grado de adhesión de las
masas a formaciones democráticas revolucionarias y de la inminencia y
gravedad de un peligro reaccionario, rechazo de la consigna de gobierno
obrero y campesino). Al examen de la situación de los movimientos de
masa se recurre, pues, sólo para el control de la línea deducida sobre
la base de preocupaciones formalistas y sectarias; viene así a faltar
siempre, en la determinación de la política del Partido, el elemento
particular; se rompe la unidad y plenitud de visión propia de nuestro
método de investigación política (dialéctica); la actividad del Partido y
sus consignas pierden eficacia y valor tornándose actividad y palabras
de simple propaganda.
Como consecuencia de estas posiciones, es inevitable la pasividad
política del Partido. Un aspecto de ésta fue en el pasado el
"abstencionismo". Esto permite asimilar el extremismo de izquierda al
maximalismo y a la desviación de derecha. Constituye, además, como la
tendencia de derecha, expresión de un escepticismo sobre la posibilidad
de que la masa obrera organice de su seno un partido de clase que sea
capaz de guiar a la gran masa, esforzándose por tenerla vinculada
asimismo en todo momento.
La lucha ideológica contra el extremismo de izquierda debe conducirse
contraponiéndole la concepción marxista y leninista del partido del
proletariado como partido de masa y demostrando la necesidad de que éste
adopte su táctica a las situaciones para poderla modificar, para no
perder el contacto con las masas y para adquirir siempre nuevas zonas de
influencia.
El extremismo de izquierda fue la ideología oficial del Partido
italiano en el primer periodo de su existencia. La sostuvieron
compañeros que estuvieron entre los fundadores del Partido y
contribuyeron a su construcción después de Liorna. De este modo se
explica que esta concepción afectase por largo tiempo a la mayoría de
los camaradas sin que por ellos fuera valorada críticamente de manera
completa, sino más bien como consecuencia de un estado de ánimo difuso.
Pero es evidente que el peligro de extrema izquierda debe considerarse
como una realidad inmediata, como un obstáculo no sólo a la unificación y
elevación ideológica, sino al desarrollo político del Partido y a la
eficacia de su acción. Por ello debe ser combatido como tal, no sólo con
la propaganda, sino con una acción política y eventualmente con medidas
organizativas.
28. Elemento de la ideología del Partido es el grado de espíritu
internacionalista que ha penetrado en sus filas. Es bastante fuerte
entre nosotros como espíritu de solidaridad internacional, pero, en
cambio, no como conciencia de pertenecer a un partido mundial.
Contribuye a esta debilidad la tendencia a presentar la concepción de
extrema izquierda como una concepción nacional ("originalidad" y valor
"histórico" de las posiciones de la "izquierda italiana") que se opone a
la concepción marxista y leninista de la Internacional Comunista y
trata de sustituir a ésta. Este es el origen de una especie de
"patriotismo de partido", que rehúsa encuadrarse en una organización
mundial según los principios propios a esa organización (rechazo de
empleos, lucha de fracciones internacionales, etc.). Esta debilidad del
espíritu internacionalista prepara el terreno a una repercusión en el
Partido de la campaña que la burguesía conduce contra la Internacional
Comunista calificándola como órgano del Estado ruso. Algunas de las
tesis de extrema izquierda a este propósito se asemejan a tesis
habituales de los partidos contrarrevolucionarios. Estas deben
combatirse con extremado vigor, con una propaganda que demuestre cómo
históricamente corresponde al partido ruso una función predominante y
dirigente en la construcción de una Internacional Comunista y cuál es la
posición del Estado obrero ruso -primera y única conquista real de la
clase obrera en la lucha por el poder- en el contexto del movimiento
obrero internacional (Tesis sobre la situación internacional).
La base de la organización del Partido
29. Todos los problemas de organización son problemas políticos. La
solución de éstos debe permitir que el Partido realice su tarea
fundamental, hacer que adquiera una completa independencia política,
darle una fisonomía, una personalidad, una conciencia revolucionaria
precisa, impedir toda infiltración e influencia disgregadora de clases y
elementos, que aun teniendo intereses contrarios al capitalismo no
quieren conducir la lucha contra éste hasta sus últimas consecuencias.
El de la base de organización es, en primer lugar, un problema
político. La organización del Partido se ha de construir sobre la base
de la producción y, por ende, del lugar de trabajo (célula). Este
principio es esencial para la creación de un partido "bolchevique", y
depende del hecho de que el Partido sea equipado para dirigir el
movimiento de masas de la clase obrera, la cual es unificada de modo
natural por el desarrollo del capitalismo según el proceso de la
producción.
Poniendo la base organizativa en el lugar de la producción, el
Partido ejecuta el acto de elección de la clase sobre la que se basa, lo
que proclama que es un partido de clase y el partido de una sola clase,
la clase obrera.
Todas las objeciones al principio que coloca la organización del
Partido sobre la base de la producción parten de concepciones vinculadas
a clases extrañas al proletariado, si bien se presentan por camaradas y
grupos que se dicen de "extrema izquierda". Aquéllas se basan en
consideraciones pesimistas acerca de la capacidad revolucionaria del
obrero y del obrero comunista, y son expresión del espíritu
antiproletario del pequeño burgués intelectual, que se cree la sal de la
tierra y ve en el obrero el instrumento material de la alteración
social y no el protagonista consciente e inteligente de la revolución.
Se reproducen en el partido italiano, a propósito de las células la
discusión y la divergencia que llevaron en Rusia a la escisión entre
bolcheviques y mencheviques a propósito del mismo problema de la
elección de clase, del carácter de clase del Partido y del modo de
adhesión al Partido de los elementos no proletarios. Por lo demás, este
hecho tiene una gran importancia en relación con la situación italiana.
Es la misma estructura social la que hace en Italia más serio que en
cualquier otro país el peligro de edificar el Partido sobre la base de
una "síntesis" de elementos heterogéneos, es decir, de abrir en éste la
vía a la influencia paralizadora de otras clases. Se trata además de un
peligro que se revelará más grave por la misma política del fascismo,
que empujará al terreno revolucionario a estratos enteros de la pequeña
burguesía.
Ciertamente, el Partido Comunista no puede ser solamente un partido
de obreros. La clase obrera y su partido no pueden desdeñar a los
intelectuales ni pueden ignorar el problema de incorporarse y guiar a
todos los elementos que por una u otra vía se ven empujados a la
revuelta contra el capitalismo. Tampoco el Partido Comunista puede
cerrar la puerta a los campesinos, pues más bien ha de hacer por
tenerlos en su seno y servirse de ellos para estrechar el lazo político
entre el proletariado y las clases rurales. Pero hay que rechazar
enérgicamente, como contrarrevolucionaria, toda concepción que haga del
Partido una "síntesis" de elementos heterogéneos, en vez de sostener sin
concesiones que aquél es una parte del proletariado, que el
proletariado debe darle la impronta de la organización que le es propia y
que al proletariado se le ha de garantizar en el propio Partido una
función directiva.
30. Carecen de consistencia las objeciones prácticas a la
organización sobre la base de la producción (células), según las cuales
esta estructura organizativa no permitiría superar la concurrencia entre
las diversas categorías de obreros y daría al Partido en prenda al
funcionarismo.
La práctica del movimiento de fábricas (1919-1920) ha demostrado que
solamente una organización ligada la lugar y al sistema de la producción
permite establecer un contacto entre los estratos superiores y los
inferiores de la masa trabajadora (calificados, no calificados y peones)
y crear vínculos de solidaridad que priven de base a cualquier sistema
de "aristocracia obrera".
La organización por células lleva a la formación en el Partido de un
estrato bastante amplio de elementos dirigentes (secretario de célula,
miembros del comité de célula, etc.), que son parte de la masa y
permanecen en ella asimismo ejercitando funciones directivas, que eran
por necesidad elementos separados de la masa trabajadora. El Partido
debe dedicar un especial cuidado a la educación de estos compañeros que
forman el tejido conectivo de la organización y son el instrumento de
ligazón con las masas. Desde cualquier punto de vista que se considere,
la transformación de la estructura sobre la base de la producción se
mantiene como tarea fundamental del Partido en el momento presente y
medio para la solución de sus más importantes problemas. Se debe
insistir en ello e intensificar todo el trabajo ideológico y práctico
que se le relaciona.
Cohesión de la organización del Partido. Fraccionismo
31. La organización de un partido bolchevique debe ser, en todo
momento de la vida del Partido, una organización centralizada, dirigida
por el Comité Central, no sólo de palabra, sino de hecho. En sus filas
debe reinar una disciplina proletaria de hierro. Esto no quiere decir
que el Partido deba ser regido desde arriba con sistemas autocráticos.
Tanto el Comité Central como los órganos inferiores de dirección están
formados sobre la base de una elección y una selección de elementos
capaces realizada a través de la prueba de trabajo y la experiencia del
movimiento. Este segundo elemento garantiza que los criterios para la
formación de los grupos dirigentes locales y del grupo dirigente central
no sean mecánicos, exteriores y "parlamentarios", sino que correspondan
a un proceso real de formación de una vanguardia proletaria homogénea y
vinculada a la masa.
El principio de la elección de los órganos dirigentes -democracia
interna- no es absoluto, sino relativo a las condiciones de la lucha
política. Aun cuando sufra limitaciones, los órganos centrales y
periféricos, deben siempre considerar su poder no como impuesto, sino
como surgido de la voluntad del Partido, y esforzarse por acentuar se
carácter proletario y multiplicar su vinculación con la masa de los
camaradas y con la clase obrera. Esta última necesidad se siente
particularmente en Italia, donde la reacción obliga en todo momento a
una fuerte limitación de la democracia interna.
La democracia interna es también relativa respecto al grado de
capacidad política de los órganos periféricos y de los camaradas que
trabajan en la periferia. La acción que el centro ejerce para aumentar
esta capacidad hace posible una extensión del sistema "democrático" y
una reducción mayor del sistema de "cooptación" y de las intervenciones
de la cúspide para regular las cuestiones organizativas locales.
32. La centralización y la cohesión del Partido exigen que no existan
en su seno grupos organizados que asuman carácter de fracción. Un
partido bolchevique se diferencia por ello profundamente de los partidos
socialdemócratas, que comprenden una gran variedad de grupos y en los
cuales la lucha de fracciones es la forma normal de elaboración de las
directivas políticas y de selección de grupos dirigentes. Los partidos y
la Internacional Comunista han surgido como consecuencia de una lucha
de fracciones desarrolladas en el seno de la II Internacional.
Constituyéndose como partidos y como organización mundial del
proletariado han elegido como norma de su vida interna y de su
desarrollo ya no la lucha de fracciones, sino la colaboración orgánica
de todas las tendencias a través de la participación en los órganos
dirigentes.
La existencia y la lucha de fracciones son, en efecto, inconcebibles
con la esencia del partido del proletariado, del que rompen la unidad
abriendo la vía a la influencia de las demás clases. Esto no quiere
decir que en el Partido no pueden surgir tendencias y que las tendencias
a veces no tratan de organizarse en fracciones, pero quiere decirse que
contra esta última eventualidad se debe luchar enérgicamente para
reducir los contrastes de tendencias, la elaboración del pensamiento y
la selección de los dirigentes en la forma que es propia de los partidos
comunistas, esto es, de un proceso de desarrollo real y unitario
(dialéctico) y no de una controversia y la lucha de carácter
"parlamentario".
33. La experiencia del movimiento obrero, frustrado a consecuencia de
la impotencia del PSI, por la lucha de las fracciones y por el hecho de
que toda fracción hacía, independientemente del Partido, su política,
paralizando la acción de las otras fracciones y la del Partido entero;
esta experiencia brinda un buen terreno para crear y mantener la
coherencia y la centralización que deben ser propias de un partido
bolchevique.
Entre los diversos grupos de los que el Partido Comunista de Italia
ha tenido origen subsisten algunas diferenciaciones, que deben
desaparecer con una profundización de la común ideología marxista y
leninista. Solamente entre los secuaces de la ideología antimarxista de
extrema izquierda se ha mantenido a lo largo del tiempo una homogeneidad
y una solidaridad de carácter fraccional. Del fraccionismo larvado, más
bien se ha tratado de pasar a la lucha abierta de fracciones, con la
constitución del llamado "Comité de coordinación". La profundidad con la
que el Partido reaccionó a esta insana tentativa de escindir sus
fuerzas permite asegurar que caerá en el vacío, en este terreno,
cualquier tentativa de volver a los hábitos de la socialdemocracia.
El peligro del fraccionismo existe en cierta medida también por la
fusión con los terci-internacionalistas del Partido Socialista. Los
terci-internacionalistas no tienen una ideología común, sino que existen
entre ellos vestigios de naturaleza esencialmente corporativos, creados
en los dos años de vida como fracción en el seno del PSI; estos
vestigios se han venido descomponiendo cada vez más y no será difícil
eliminarlos totalmente.
La lucha contra el fraccionismo debe ser ante todo propaganda de los
justos principios organizativos, pero ésta no tendrá éxito hasta que el
partido italiano no pueda nuevamente considerar la discusión de los
problemas actuales suyos y de la Internacional como hecho normal, y
orientar sus tendencias en relación con estos problemas.
El funcionamiento de la organización del Partido
34. Un partido bolchevique ha de organizarse de manera que pueda
funcionar, en cualesquiera condiciones, en contacto con la masa. Este
principio asume la mayor importancia entre nosotros, por la opresión que
el fascismo ejerce con el fin de impedir que las relaciones de fuerza
real se traduzcan en relaciones de fuerza organizada. Solamente con la
máxima concentración e intensidad de la actividad del Partido se puede
llegar a neutralizar al menos en parte este factor negativo y conseguir
que eso no estorbe gravemente al proceso de la revolución. Para ello,
deben tomarse en consideración:
a) el número de los inscritos y su capacidad política; éstos deben
constituirse en triunfos que nos permitan una continua extensión de
nuestra influencia. Debe combatirse la tendencia a tener artificialmente
restringidos los cuadros; eso conduce a la pasividad, a la atrofia. Por
el contrario, todo inscrito debe ser un elemento políticamente activo,
capaz de difundir la influencia del Partido y traducir cotidianamente en
actos las directivas de aquél, guiando a una parte de la masa
trabajadora;
b) la utilización de todos los camaradas en trabajos prácticos;
c) la coordinación unitaria de las diversas especies de actividad por
medio de comités en los que se articula todo el Partido como órgano de
trabajo entre las masas;
d) el funcionamiento colegial de los órganos centrales del Partido,
considerado como condición para la constitución de un grupo dirigente
"bolchevique" homogéneo y compacto;
e) la capacidad de los camaradas de trabajar entre las masas, de
estar continuamente presentes entre éllas, de estar en primera fila en
todas las luchas, de saber en todo momento asumir y tener la posición
que corresponde a la vanguardia del proletariado. Se insiste sobre este
punto porque la necesidad del trabajo subterráneo y la equivocada
ideología de la "extrema izquierda" han producido una limitación de la
capacidad del trabajo entre las masas y con las masas;
f) la capacidad de los organismos periféricos y de los camaradas
individuales para afrontar situaciones imprevistas y de adoptar
decisiones correctas antes de que lleguen las disposiciones de los
organismos superiores. Hay que combatir la forma de pasividad, residuo
también de las falsas concepciones organizativas del extremismo, que
consiste en saber solamente "esperar las órdenes de arriba". El Partido
debe tener en la base una "iniciativa" propia, esto es, que los órganos
de base deben saber reaccionar inmediatamente a toda situación
imprevista e improvisada.
g) la capacidad de realizar un trabajo "subterráneo" (ilegal) y de
defender el Partido de la reacción de toda clase sin perder el contacto
con las masas, sino haciendo servir como defensa el mismo contacto con
los más amplios estratos de la clase trabajadora. En la situación
actual, una defensa del Partido y de su aparato que se consiga
limitándose a realizar una actividad de simple "organización interna"
hay que considerarla como un abandono de la causa de la revolución.
Cada uno de estos puntos debe considerarse con atención porque
implican al mismo tiempo un defecto del Partido y un progreso el que se
hagan cumplir. Esto es de tanta mayor importancia por cuanto es de
prever que los golpes de la reacción debiliten aún los medios de unión
entre el centro y la periferia, por grandes que sean los esfuerzos para
mantener a aquéllos intactos.
Estrategia y táctica del Partido
35. La capacidad estratégica y táctica del Partido es la capacidad de
organizar y unificar en torno a la vanguardia proletaria y a la clase
obrera todas las fuerzas necesarias para la victoria revolucionaria y de
guiarla de hecho hacia la revolución, aprovechando las situaciones
objetivas, los desplazamientos de fuerza que aquéllas provocan, tanto
entre la población trabajadora como entre los enemigos de la clase
obrera. Con su estrategia y con su táctica, el Partido "dirige a la
clase obrera" en los grandes movimientos históricos y en sus luchas
cotidianas. Una dirección se halla ligada a ésta y está condicionada por
aquélla.
36. El principio de que el Partido dirige a la clase obrera no debe
interpretarse de manera mecánica. No hay que creer que el Partido pueda
dirigir la clase obrera por una imposición autoritaria externa; esto no
es cierto, tanto para el periodo que precede como para el que sigue a la
conquista del poder. El error de una interpretación mecánica de este
principio debe combatirse en el partido italiano como una posible
consecuencia de las desviaciones ideológicas de extrema izquierda; estas
desviaciones conducen de hecho a una arbitraria sobrevaloración formal
del Partido por lo que respecta a la función de guía de la clase.
Nosotros afirmamos que la capacidad de dirigir a la clase obrera se
halla en relación no con el hecho de que el Partido se "proclame" el
órgano revolucionario de aquélla, sino por el hecho que aquél
"efectivamente" logre, como una parte de la clase obrera, vincularse a
todas las secciones de la propia clase y a imprimir a la masa un
movimiento en la dirección deseada y favorecida por las condiciones
objetivas. Solamente como consecuencia de su acción entre las masas, el
Partido podrá conseguir que aquélla lo reconozca como "su" partido
(conquista de la mayoría) y solamente cuando esta condición se ve
realizada el Partido puede presumir de tener tras de sí a la clase
obrera. Las exigencias de este acción entre las masas son superiores a
todo "patriotismo" de partido.
37. El Partido dirige a la clase penetrando en todas las
organizaciones en las que la masa trabajadora se reúne y completando en
éstas y a través de éstas una sistemática movilización de energía según
el programa de la lucha de clase y una acción de conquista de la mayoría
para las consignas comunistas.
Las organizaciones en las que el Partido trabaja y que tienden por su
naturaleza a incorporar toda la masa obrera no pueden nunca sustituir
al Partido Comunista, que es la organización política de los
revolucionarios, esto es, de la vanguardia del proletariado. También se
excluye una relación de subordinación y de "igualdad" entre las
organizaciones de masa y el Partido (pacto sindical de Stoocarda, pacto
de alianza entre el Partido Socialista Italiano y la Confederación
General del Trabajo). La relación entre sindicatos y partido es una
relación especial de dirección que se realiza mediante la actividad que
los comunistas realizan en el seno de los sindicatos. Los comunistas se
organizan en fracciones en los sindicatos y en todas las formaciones de
masa y participan en primera fila en la actividad de estas formaciones y
en la lucha que llevan sosteniendo el programa y las consignas de su
partido.
Toda tendencia a separarse de la vida de las organizaciones,
cualesquiera que éstas sean, en las que es posible tomar contacto con
las masas trabajadoras, hay que combatirla como desviación peligrosa,
indicio de pesimismo y manantial de pasividad.
38. Los sindicatos son, en los países capitalistas, órganos
específicos de reunión de las masas trabajadoras. La acción de los
sindicatos hay que considerarla como esencial para el logro de los fines
del Partido. El Partido que renuncia a la lucha por ejercer su
influencia en los sindicatos y por conquistar la dirección, renuncia de
hecho a la conquista de la masa obrera y a la lucha revolucionaria por
el poder.
En Italia, la acción en los sindicatos asume una particular
importancia porque permite con intensidad mayor y con resultados mejores
la reorganización del proletariado industrial y agrícola, que debe
volver a darle una posición de predominio en el enfrentamiento con las
demás clases sociales. La opresión fascista y especialmente la nueva
política sindical del fascismo crean, sin embargo, un estado de cosas
muy particular. La Confederación del Trabajo y los sindicatos de clase
se ven privados de la posibilidad de desplegar, en la forma tradicional,
una actividad de organización y de defensa económica. Tienden a
reducirse a simples oficinas de propaganda. Sin embargo, muy pronto la
clase obrera, bajo el impulso de la situación objetiva, se ve empujada a
reorganizar las propias fuerzas según nuevas formas de organización. El
Partido debe, por consiguiente, lograr ejercer una acción de defensa
del sindicato de clase y de reivindicación de su libertad, y al mismo
tiempo debe secundar y estimular la tendencia a la creación de
organismos representativos de masa que estén ligados al sistema de
producción. Paralizada la actividad del sindicato de clase, la defensa
de los intereses inmediatos de los trabajadores tiende a realizarse
mediante un desplazamiento de la resistencia y de la lucha en las
fábricas por categorías, por secciones de trabajo, etc. El Partido
Comunista debe saber seguir toda esta lucha y ejercer una verdadera y
propia dirección, impidiendo que se extravíe el carácter unitario y
revolucionario de las contradicciones de clase, explotándolo sobre todo
para favorecer la movilización de todo el proletariado y la organización
de ésta en un frente de lucha (Tesis sindicales).
39. El Partido dirige y unifica a la clase obrera formulando y
agitando un programa de reivindicaciones de intereses inmediatos para la
clase trabajadora. Las acciones parciales y limitadas son por ello
consideradas como momentos necesarios para unir a la movilización
progresiva y a la unificación de toda la fuerza de la clase trabajadora.
El Partido combate la concepción según la cual se debería abstener de
apoyar o de tomar parte en las acciones parciales, porque los problemas
interesantes para la clase trabajadora se resuelven solamente con la
destrucción del régimen capitalista y con una acción general de todas
las fuerzas anticapitalistas. Esta idea se alía a la de la imposibilidad
de que las condiciones de los trabajadores se puedan mejorar de modo
serio y durable en el periodo del imperialismo y antes de que sea
abatido el sistema capitalista. La agitación de un programa de
reivindicaciones inmediatas y el apoyo a las luchas parciales
constituye, empero, el único modo con que se pueda unir a las grandes
masas y movilizarlas contra el capitalismo. Por otra parte, toda
agitación o victoria de sectores obreros en el terreno de las
reivindicaciones inmediatas hace más aguda la crisis del capitalismo y
acelera también subjetivamente la caída en cuanto traba el inestable
equilibrio económico sobre el que aquél basa hoy su poder.
El Partido Comunista combina toda reivindicación inmediata con un
objetivo revolucionario, se sirve de toda lucha parcial para enseñar a
las masas la necesidad de la acción general, de la insurrección contra
el dominio reaccionario del capital, y trata de conseguir que toda lucha
de carácter limitado sea preparada y dirigida también a lograr la
movilización y unificación de las fuerzas proletarias y no su
dispersión. Sostiene estas concepciones suyas en el interior de las
organizaciones de masa a las que corresponde la dirección de los
movimientos parciales, o en el confrontación de los partidos políticos
que no toman la iniciativa, o bien la hace valer tomado él la iniciativa
de proponer la acción parcial, sea en el seno de las organizaciones de
masa, sea a los otros partidos (táctica del frente único). En todo caso
se sirve de la experiencia del movimiento y del éxito de sus propuestas
para aumentar su influencia, demostrando con los hechos que su programa
de acción es el único que corresponde a los intereses de las masas ya a
la situación objetiva, y para llevar a una posición más avanzada una
sección rezagada de la clase obrera.
La iniciativa dirigida por el Partido para una acción parcial puede
tener lugar cuando controla a través de organismos de masa una parte
notable de la clase trabajadora, o cuando esté seguro que una consigna
suya sea seguida igualmente por una gran parte de la clase trabajadora.
Sin embargo, el Partido no tomará esta iniciativa sino cuando, en
relación con la situación objetiva, ésta lleve a un desplazamiento a su
favor de las relaciones de fuerza y represente un paso adelante en la
unificación y movilización de la clase en el terreno revolucionario.
Se rechaza que una acción de individuos o de grupos pueda servir para
sacar de la pasividad a las masas obreras cuando el Partido no se halla
profundamente ligado a ellas. En particular, la actividad de los grupos
armados, incluso como reacción a la violencia física del fascismo,
tiene valor solamente en cuanto se combina con una reacción de las masas
o logra suscitarlas o prepararlas consiguiendo en el campo de la
movilización de fuerzas materiales el mismo valor que tienen las huelgas
y las agitaciones económicas particulares para la movilización general
de las energías de los trabajadores en defensa de sus intereses de
clase.
39. bis. Es un error considerar que las reivindicaciones inmediatas y
las acciones parciales pueden tener solamente carácter económico.
Puesto que, con la profundización de la crisis del capitalismo, las
clases dirigentes capitalistas y agrarias están obligadas, para mantener
su poder, a limitar y suprimir la libertad de organización y política
del proletariado; las reivindicaciones de esta libertad ofrece un
terreno óptimo para la agitación y las luchas parciales, que pueden
llegar a la movilización de amplias capas de la población trabajadora.
Toda la legislación con la que los fascistas suprimen, en Italia,
incluso la más elemental libertad de la clase obrera, debe, por
consiguiente, proporcionar al Partido Comunista motivos para la
organización y movilización de las masas. La tarea del Partido
consistirá en combinar cada una de las consignas que lance en este campo
con las directivas generales de su acción, en particular con la
práctica demostración de la imposibilidad de que el régimen fascista
encuentre radicales limitaciones y transformaciones en sentido "liberal"
y democrático" sin que se desencadene contra el fascismo una lucha de
masas, lo que deberá inexorablemente desembocar en una guerra civil.
Esta convicción debe difundirse en las masas en la medida en la que
logremos, combinando las reivindicaciones parciales de carácter político
con las de carácter económico, transformar los movimientos
"revolucionarios democráticos" en movimientos revolucionarios obreros y
socialistas.
Esto se deberá conseguir particularmente en cuanto respecta a la
agitación contra la monarquía. La monarquía es uno de los puntales del
régimen fascista; ella es la forma estatal del fascismo italiano. La
movilización antimonárquica de las masas de la población italiana es uno
de los objetivos que el Partido Comunista debe proponer; servirá
eficazmente para desenmascarar algunos de los grupos que se dicen
fascistas ya aliados en el Aventino. Sin embargo, siempre debe ser
conducida conjuntamente con la agitación y con la lucha contra los otros
pilares fundamentales del régimen fascista, que son la plutocracia
industrial y los agrarios. En la agitación antimonárquica, el problema
de la forma del Estado continúa con el problema del contenido de clase
que los comunistas entienden dar al Estado. Recientemente (junio de
1925), la conexión de estos problemas se ha logrado por el Partido
poniendo en la base de una acción política suya la consigna "Asamblea
republicana sobre la base de los Comités obreros y campesinos; control
obrero de la industria; tierra a los campesinos".
40. La tarea de unificar las fuerzas del proletariado y de toda la
clase trabajadora sobre un terreno de lucha es la parte "positiva" de la
táctica del frente único y, en las circunstancias actuales de Italia,
es la tarea fundamental del Partido.
Los comunistas deben considerar la unidad de la clase trabajadora
como un resultado concreto, real, a conseguir, para impedir al
capitalismo la realización de su plan de disgregar de modo permanente el
proletariado y hacer imposible toda lucha revolucionaria. Los
comunistas deben saber trabajar en todos los medios para lograr este
objetivo, y sobre todo deben hacerse capaces de unir los obreros de
otros partidos y sin partido, superando hostilidad e incomprensiones
fuera de lugar, y presentándose en todo caso como constructores de la
unidad de la clase en la lucha por su defensa y por su liberación.
El "frente único" de lucha antifascista y anticapitalista que los
comunistas se esfuerzan por crear debe tender a ser un frente único
organizado, esto es, fundado sobre organismos autónomos en torno a los
cuales toda la masa encuentre una forma y se integre. Tales son los
organismos representativos que las mismas masas tienen hoy tendencia a
constituir a partir de los talleres, y con ocasión de cualquier
agitación, desde que la posibilidad de funcionamiento normal de los
sindicatos ha empezado a limitarse. Los comunistas deben darse cuenta de
esta tendencia de las masas y saberla estimular, desarrollando los
elementos positivos que contiene y combatiendo las desviaciones
particularistas a las que puede dar lugar. La cuestión debe considerarse
sin fetichismo para una determinada forma de organización, teniendo
presente que nuestro objetivo fundamental es conseguir una movilización y
una unidad orgánica de fuerzas cada vez mayor. Para alcanzar este
objetivo hay que saber adaptarse a todos los terrenos que nos ofrece la
realidad, aprovechar todos los motivos de agitación insistir sobre una y
otra forma de organización según la necesidad y la posibilidad de
desarrollo de cada una de ellas (Tesis sindicales, capítulo relativo a las comisiones internas, a los comités de agitación, a las conferencias de fábrica).
41. La consigna de comités obreros y campesinos debe considerarse
como fórmula resumida de toda la acción del Partido en cuanto ella se
propone crear un frente único organizado de la clase trabajadora. Los
comités obreros y campesinos son órganos de unidad de la clase
trabajadora movilizada, tanto para una lucha de carácter inmediato como
para acciones políticas de mayor alcance. La consigna de la creación de
comités obreros y campesinos es, por consiguiente, una consigna de
realización inmediata para todos aquellos casos en los que el Partido
llega con su actividad a movilizar una parte de la clase trabajadora
bastante grande (más de una fábrica, más de una categoría en una
localidad), pero es al mismo tiempo una solución política y una consigna
de agitación adecuada a todo un periodo de la vida y de la acción del
Partido. Ella hace evidente y concreta la necesidad de que los
trabajadores organicen su fuerza y la contrapongan de hecho a la de
todos los grupos de origen y naturaleza burgueses, a fin de poder llegar
a ser elemento determinante y preponderante de la situación política.
42. La táctica del frente único como acción política (maniobra),
destinada a desenmascarar partidos y grupos que se dicen proletarios o
revolucionarios que tengan una base de masas, se halla estrechamente
ligada con el problema de la dirección de las masas por parte del
Partido Comunista y con el problema de la conquista de la mayoría. En la
forma en que ha sido definida por el congreso mundial, aquélla es
aplicable en todos los casos en los que, por la adhesión de las masas a
los grupos que combatimos, la lucha frontal contra éstos no es
suficiente para obtener resultados rápidos y profundos. El éxito de esta
táctica está ligado a la medida en que está precedida o se acompaña por
un trabajo efectivo de unificación y de movilización de masas obtenida
por el Partido con una acción de la base.
En Italia, la táctica del frente único debe continuar siendo adoptada
por el Partido en la medida en que aún está lejos la conquista de una
influencia decisiva sobre la mayoría de la clase obrera y de la
población trabajadora. Las particulares condiciones italianas aseguran
la vitalidad de formaciones políticas intermedias, basadas sobre el
equívoco y favorecidas por la pasividad de una parte de la masa
(maximalistas, republicanos, unitarios). Una formación de este género
será al grupo de centro que muy probablemente surgirá del destrozo del
Aventino. No es posible luchar de lleno contra el peligro que estas
formaciones representan si no es con la táctica del frente único. Pero
no se puede contar con tener éxito si no es en relación con el trabajo
que simultáneamente se haga arrancar a la masa de la pasividad.
42. bis. El problema del Partido maximalista debe considerarse en la
misma medida que el problema de todas las demás formaciones intermedias
que el Partido Comunista combate como obstáculo a la preparación
revolucionaria del proletariado y hacia las que adopta, según las
circunstancias, la táctica del frente único. Ciertamente, en algunas
zonas, el problema de la conquista de la mayoría se halla para nosotros
ligado específicamente al problema de destruir la influencia del PSI o
de su periódico. Los dirigentes del Partido Socialista, por otra parte,
vienen cada vez más abiertamente clasificándose entre las fuerzas
contrarrevolucionarias del orden capitalista (campaña para la
intervención del capital americano; solidaridad de hecho con los
dirigentes sindicales reformistas). Nada permite excluir del todo la
posibilidad de un acercamiento suyo a los reformistas y de una sucesiva
fusión con ellos. El Partido Comunista debe tener presente esta
posibilidad y proponerse desde ahora conseguir que, cuando aquélla se
realice, las masas que aún son controladas por los maximalistas, pero
que conservan un espíritu clasista, se separen de ellos decisivamente y
se unan del modo más estrecho con las masas que la vanguardia comunista
tiene en torno de sí. Los buenos resultados obtenidos por la fusión con
la fracción tercinternacionalista decidida en el V Congreso han enseñado
al partido italiano cómo, en condiciones determinadas se consiguen, con
una acción política perspicaz, resultados que no se podrían conseguir
con la actividad normal de la propaganda y la organización.
43. Mientras agita su programa de reivindicaciones clasistas
inmediatas y concentra su actividad en conseguir la movilización y
unificación de las fuerzas obreras y trabajadoras, el Partido puede
presentar, con objeto de facilitar el desarrollo de la propia acción,
soluciones intermedias de los problemas políticos generales y agitar
esta solución entre las masas que todavía están adheridas a partidos y
formaciones contrarrevolucionarias. Esta presentación y agitación de
soluciones intermedias lejos tanto de la consigna del Partido como del
programa de inercia y pasividad de los grupos que se quieren combatir
permite conducir tras el Partido fuerzas más amplias, poner en
contradicción la palabra de los dirigentes y partidos de masa
contrarrevolucionarios con sus intenciones reales, impulsar a las masas
hacia soluciones revolucionarias y extender nuestra influencia (ejemplo:
"antiparlamento"). Estas soluciones intermedias no se pueden prever
todas, pues deben, en todo caso derivarse de la realidad. No obstante,
han de ser tales que se pueda constituir una vía de paso hacia la
consigna del Partido y debe aparecer siempre evidente a las masas que su
eventual realización se resolvería en una aceleración del proceso
revolucionario y en un principio de luchas más profundas.
La presentación y agitación de estas soluciones intermedias es la
forma específica de lucha que debe usarse contra los partidos
sedicentemente democráticos, que son en realidad uno de los más fuertes
sostenes del orden capitalista vacilante y como tales se alternan en el
poder con los grupos reaccionarios, cuando estos partidos que se dicen
democráticos están ligados a importantes y decisivos estratos de la
población trabajadora (como en Italia en los primeros meses de la crisis
de Matteotti) y cuando es inminente y grave un peligro reaccionario
(táctica adoptada por los bolcheviques hacia Kerenski durante el golpe
de Kornilov). En estos casos, el Partido Comunista consigue los mejores
resultados agitando las mismas soluciones que deberían ser las propias
de los partidos que se dicen democráticos si éstos supieran conducir una
lucha consecuente por la democracia, con todos los medios que la
situación requiere. Estos partidos, puestos también a prueba por los
hechos, se desenmascaran frente a las masas y pierden su influencia
sobre éstas.
44. Todas las agitaciones particulares que el Partido conduce y la
actividad que ello exige en todas direcciones para movilizar y unificar
las fuerzas de la clase trabajadora, deben converger y ser resumidas en
una fórmula política que sea fácil de comprender por las masas y tenga
el mayor valor de agitación en su confrontación. Esta fórmula es la del
"gobierno obrero y campesino". Ella indica también a las masas más
atrasadas la necesidad de la conquista del poder para la solución de los
problemas vitales que les interesan y proporciona el medio para
llevarla al terreno propio de la vanguardia proletaria más evolucionada
(lucha por la dictadura del proletariado). En este sentido es una
fórmula de agitación pero no corresponde a una fase real del desarrollo
histórico, sino a la misma clase de soluciones intermedias de que se ha
tratado en el número precedente. De hecho, una realización de ésta no se
puede concebir por el Partido sino como inicio de una lucha
revolucionaria directa, es decir, de la guerra civil dirigida por el
proletariado, en alianza con los campesinos, para la conquista del
poder. El Partido podría ser llevado a graves desviaciones de su papel
de guía de la revolución en el caso de que interpretase el gobierno
obrero y campesino como correspondiente a una fase real del desarrollo
dela lucha por el poder; es decir, si considerase que esta consigna
indica la posibilidad de que el problema del Estado se resuelva en
interés de la clase obrera en una forma que no sea la de la dictadura
del proletariado.
Lyon, enero, 1926
Escrito: Enero de 1926
Digitalización: Aritz
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2001